CALLEJONES SIN SALIDA . CAPÍTULO 10.


Solo segundos después de que apretó la tecla del computador que puso fin a la comunicación con Hinojosa, desde una lluviosa Panamá, Ibar se quedó mirando a su amigo Cifuentes y le dijo “Panamá se nos cruza por todos lados”. Más bien dicho …algunos panameños se empiezan a asomar con frecuencia en esta historia, pensó.

—Es verdad, primero las fotos del viaje de Reyes a Panamá y esto de la Fundación Kudú de la que no había escuchado nunca en la vida, que tiene sede también en Panamá, muy cerca de la sede la Oficina Scout Panamericana. Y más encima gente vinculada a la dictadura de Noriega metida en medio… eso lo pone todo más turbio. Además ese viaje que la mamá de Reyes dice fue por invitación de los scouts pero del que no hay registro en la Oficina Nacional… Todo muy raro ¿no? dijo Alberto tomándose el mentón con la mano izquierda en su mejor pose de reflexión.

—Y ahora aparecen los “Caballos de Coclé”.

—¿Los caballos de dónde?

—El equipo de basquetbol ese que Hinojosa dice que es muy popular allá.

—Ahhhhh… ¿Qué tiene que ver eso?

—Era el mismo dibujo que tenía en la polera el supuesto repartidor que hizo un escándalo antes de salir de la oficina del simpático de Juan Pablo Ordaz ¿Te lo había contado o no?

—De la visita y la conversa con Ordaz sí, pero del repartido ese no.

—Es que no me pareció importante, hasta ahora.

—¿Y entonces?

—Antes de que me dejaran pasar a hablar con Ordaz, mientras esperaba en su muy elegante hall de entrada, salió de su oficina un tipo grandote. Moreno, alto, del tipo atlético y notoriamente con hablar caribeño. Estaba molesto y le dijo en voz alta a la secretaria algunas cosas que no recuerdo mucho sobre “su jefe”, pero sí me acuerdo que en la polera tenía el mismo logo del equipo de baloncesto panameño. El mismo caballo. Igualito al que Hinojosa tiene en un banderín en su pared. Yo pensé en ese momento que era venezolano o colombiano, pero le encontré algo extraño en el acento.

—¿Ahora eres experto en acentos caribeños?

—Más allá de su sarcasmo, sepa Ud señor Cifuentes que tengo varias vecinas venezolanas en mi nuevo domicilio.

—¡Uyyyyyy! No me habías dicho nada pillín pillín -dijo Cifuentes frotándose las manos y sonriendo con malicia- ¿Y? -preguntó mientras levantaba y bajaba las cejas repetidamente.

—Bueno… solo diré que soy un ferviente partidario de la unidad Latinoamericana ¡Pero ese no es el tema, no me distraigas! ¡Vade retro Satanás!

—¡Está bien, está bien… caramba! Solo preguntaba. Pero no estaría demás que te acuerdes de los amigos si un día organizas un, un… un encuentro de fraternidad bolivariana digamos.  

—Lo tendré presente. Pero el punto es que estoy seguro que el tipo ese es panameño. Además cuando empecé a hablar con Ordaz me dijo que era un repartidor de comida, que no le gustó la propina y no sé que más. Pero era mentira porque en ese edificio del Sanhattan no dejan subir a los delivery.

—O sea a Ordaz lo visitó un panameño y te mintió sobre el motivo de la visita.

—Así parece.     

—Hecho el punto. ¿Ahora sí se puede hablar?

—Estamos hablando

—De lo otro

—¿Otro qué?

Cifuentes no respondió directamente y sonriendo al compás de unas improvisadas palmas comenzó a cantar “La vecinita tiene antojo. Antojo que quiere resolver. El vecinito le echa un ojo. Ojo que mira pa’ comer

—¡No tenés remedio Alberto! -le dijo Ibar en un fingido tono bonaerense- Sos un crá…. ¡Un crápula sos! Cuando te pones en ese plan me haces recordar al Hermosilla.

—¿Cuál Hermosilla?

—El de “Hermosilla y Quintanilla” los que salían en “De Chincol a Jote”.

—No me ofende, al contrario lo considero un halago.

—Esa era la idea… y no se me ponga impertinente Hermosilla -le dijo Ibar haciendo sobresalir el mentón, achicando los ojos e imitando el tono del personaje de la “Señorita Astrid” de la misma serie. La risotada sonó al unísono.

 

Faltaba poco para la hora en que bajara la persiana de su local “El Baisano” y Jacinto Misle, ya sin público que atender, se dedicaba con entusiasmo a su colección de recortes de los últimos partidos de Palestino. Los resultados en Copa Sudamericana habían sido buenos y eso lo tenía alegre. Con camisa blanca arremangada, lentes de marco grueso puestos, tijera en mano y una barra de pegamento sin tapa sobre el mesón recortaba afanosamente las hojas de varios periódicos que había reunido las últimas semanas. Fiel a sus preferencias musicales escuchaba a la vez un tema romántico de la Nueva Ola cuando Rodrigo Ibar asomó la cabeza entreabriendo la puerta de la tienda.

—¿Quién es el artista de la tarde Don Jaci? -preguntó a manera de saludo-

—Se llama Roberto Blin -le respondió sin levantar la mirada del trozo de papel que estaba recortando- pase, pase que ya voy a bajar la cortina y luego te invito un vermú.

—No faltaba más pues Don Jaci. No voy a despreciarle un vasito del elixir vespertino.

 A la misma hora en un alto edificio de Vitacura Juan Pablo Ordaz respondía un llamado desde Ciudad de Panamá. El hablar de su interlocutor era pausado y plano. “No creo que sea necesario algo tan drástico” fue lo más extenso que pudo decir. El resto fueron casi solo monosílabos. No hubo saludo de despedida. Simplemente le cortaron el llamado. Comenzó a sentirse mal. Algo avinagrado le subía desde el estómago hacia la garganta. El llamado lo había atendido de pie pero ahora tuvo que sentarse. Apaciguó el malestar con un vaso de agua fría. Mientras bebía Juan Pablo Ordaz recordó el rostro de Fernando Reyes. Una expresión en particular. El rostro de ese día. Cuanto había cambiado su mirada esa vez. De ser siempre afable y adulador en esa ocasión se mostró tan distinto. Confiaba en tener el as bajo la manga. La solución de sus problemas. La respuesta de sus pospuestos anhelos. ¡Pobre de Reyes! dijo en voz baja. ¡Pobre de Reyes! repitió y sintió poco a poco las ganas de reír. ¡Pobrecito Reyes! dijo más fuerte y se llevó la mano a la boca para contener la risa que aumentaba. ¿¡CÓMO TAN HUEVÓN REYES!? preguntó ya a gritos y las carcajadas se hacían incontenibles y le iban provocando lágrimas. ¡Cagaste Reyecito! ¡Cagaste! ¡RE-YE-CI-TOOOO! ¡RE-YE-CI-TOOOOoooo! La risa cesó de pronto. Intentaba respirar y jadeaba. La cagaste, cagaste y me cagaste Reyes. Bien muerto estás.


LOS ACONTECIMIENTOS Y PERSONAJES DE ESTE RELATO SON FICTICIOS. CUALQUIER SIMILITUD CON LA REALIDAD ES SOLO COINCIDENCIA. 






Comentarios

  1. La historia continúa tan entretenida como el comienzo… rápida …. Interesante y cautivadora….. excelente!!!!!

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    1. Muy agradecido. El final está cerca. Pronto se sabrá que el asesino fue el mayordomo.

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