sábado, 2 de diciembre de 2017

LOS NOMBRES DEL FUNDADOR (Nombre Clave Badetuch. Cap IV)



CAPÍTULO IV
LOS NOMBRES DEL FUNDADOR

Ciudad de Nyeri. Kenya. África.

Vestido azul oscuro con pequeñas flores celestes y amarillas, guantes blancos, bolso de mano y sombrero. A la moda, pero nada que llamara mucho la atención. Sin embargo se podía apreciar que era una mujer atractiva. Pelo castaño tomado en trenza desde la nuca y ojos verdes.
Dieter Fisher, como la mayoría de los agentes del Reich, la conocía como “Kirsten”, aunque su nombre verdadero era Elfriede . Una mujer que, a pesar de llevar sólo un par de años en el Servicio, ya había demostrado su valía en varias misiones. La última en Egipto. Ahí, haciéndose pasar por secretaria había logrado seducir al asistente de un arquitecto asesor del alto mando inglés. Planos importantes de la seguridad de Puerto Saíd en el Canal de Suez se habían obtenido gracias a sus habilidades. Su nombre ganaba prestigio, aunque algunos lo atribuían también a los favores que prodigaba durante sesiones privadas a los jerarcas de las SS. Poseía además un perfecto inglés con acento de Gales que para esas tareas la favorecía librándola de toda sospecha. Tenía pocos reparos para el homicidio, especialmente por envenenamiento,  incluso de civiles. Todo eso más su afición al esoterismo, con amistades en la antigua Sociedad Thule, dedicada a buscar las raíces mágicas de la entonces muy popular “Cultura Ario-Germánica” habían colaborado para que le dieran el apodo de “La joven bruja de Múnich”. Un mote que, sin reconocerlo en público, le encantaba y solía recordar cada mañana al verse al espejo.

Fisher había dejado la puerta entreabierta de su habitación de hotel y la esperaba, mientras observaba por la ventana como los habitantes de Nyeri caminaban y regresaban a sus hogares durante el atardecer africano. Sintió los golpes de los tacones de Kirsten por el pasillo y siguió esperando sin querer demostrar interés. Al verla entrar se preguntó si esta vez sólo sería un encuentro de trabajo o tendría suerte como algunas veces.     

—Problemas al corazón —le dijo la mujer apenas entró y antes siquiera de saludar—
—Sólo los que tú me provocas querida —respondió Fisher haciéndose el gracioso y acercándose con seguridad para besarla en los labios.
Ella mirándolo directo a los ojos y sin ningún gesto en su rostro lo alejó con un empujón lento pero firme —No digas bobadas… Problemas al corazón y una pérdida de fortaleza generalizada. Eso es lo que tiene. Es natural con más de 80 años. Aunque últimamente ha recobrado vigor y se le ve más animado y activo.
Fisher descartó por el momento un acercamiento más íntimo y se sentó sobre la cama.
—¿Eso dice su ficha médica? ¿Cómo la conseguiste?
—Cada vez me acerco más a su círculo íntimo. Como integrante de la “Legión de Mujeres del África Oriental” me ha tocado incluso en un par de ocasiones compartir directamente con su esposa. ¿Sabes cómo lo llama ella coloquialmente? “Robin”… “Robin estuvo hace algunos meses con serios problemas en la piel. Una comezón horrible en brazos y piernas que obligó a aplicarle un tratamiento con ungüentos tres veces al día”. Eso me comentó la última vez que hablé brevemente con ella. Lady Olave es una mujer muy dinámica. Incluso está aprendiendo el idioma Swahili. Ya sabes que es unos 30 años más joven que él.
— Por supuesto, querida, he cumplido mis deberes con sus fichas biográficas ¿Y de sus actividades diarias?
— Casi todas en el bungalow del “Outspan”. Lee, escribe. Breves paseos por los jardines. Observa aves y las dibuja. En ocasiones se alejan un poco más y mientras ella borda él pinta acuarelas de paisajes. Todo muy británico y bucólico. Más aún en la hora del té.
— ¿Visitas de familiares o amigos?
— Familiares creo que no. Ella viaja de cuando en cuando a ver a alguno de sus hijos. Sobre sus amigos, algunas veces llegan a verlos y se hospedan en el mismo hotel. Casi todo agendado previamente. Por cierto, en una semana recibirán a una delegación de boys scouts de Escocia. Glasgow me pareció escuchar. Acamparán en un terreno cercano al hotel.
—Habrá que hacerlo antes que lleguen entonces. No conviene que haya mucha gente en escena. Aumenta los riesgos.
— ¿“Badetuch” entra a su fase final? —le preguntó ella sonriendo maliciosamente, dejando de lado el tomo formal de informe funcionario y sentándose a su lado.
— Ya sé que es un nombre muy poco glamoroso para una operación en la que tú participes, querida. Sin embargo, revisando la biografía del anciano que me enviaron desde Berlín comprendí el sarcasmo que se esconde detrás.
— ¿Y cuál sería? —exclamó Kirsten llevando su mano a su mejilla y abriendo los ojos exageradamente para hacer notar su falso interés.
— Fisher no tomó en cuenta la burla —Se trata de un apodo de infancia. Cuando estuvo en la escuela “Charterhouse” sus compañeros de curso le llamaban “Bathing Towell
— ¿Toalla de baño?
— Onomatopeya de Baden Powell, ¿entiendes?
— ¡Claro que entiendo, no soy estúpida! Pero el humor británico francamente no me causa ninguna gracia.  
— He escuchado lo mismo sobre el humor de los alemanes. En todo caso esos boys scouts de Escocia nos deberán un favor…
— ¿Otro mal chiste? — preguntó Kirsten.
— Piénsalo querida, vienen sólo a una visita… y nosotros le permitiremos asistir al funeral de su “Jefe Mundial”. ¡Una ocasión histórica! La despedida de “Impeesa”, “Kantakie”, el Héroe de Mafeking como lo llamó la prensa británica. —O simplemente “Robin” para su esposa —agregó Kirsten seriamente.
— Puedo imaginar incluso al nefasto bulldog de Churchill reiterando desde Londres sus palabras en homenaje póstumo al veterano y a sus scouts: “Brillan los fuegos del campamento de un vasto ejército, cuyas filas nunca estarán desiertas y cuya marcha no acabará jamás mientras fluya sangre roja por las venas de la juventud”     
Dieter Fisher se levantó y para aumentar la mofa simulando estar en una formación levantó su mano derecha y realizó el saludo de los scouts mirando la lejanía de un falso horizonte. Después, con paso solemne, fingida tristeza y silbando la “Marcha fúnebre” de Chopin se acercó a la puerta para poner el seguro, sin dejar de prestar atención a la reacción de Kirsten.
— Bueno, de ser así —reaccionó ella— con 32 años menos… la idea de la viudez para Lady Powell no le ha de resultar del todo extraña— y en cuanto lo dijo una carcajada estridente salió de su boca pintada de rojo y llenó brevemente la habitación, mientras la joven bruja de Múnich, comenzaba a sacarse los guantes.

Continuará...