LA INTRIGA BOER (Nombre Clave Badetuch. Cap VI)
Capítulo VI
La Intriga Boer
Desde el homicidio y
desde que las palabras “veneno” y “Boer” fueron mencionadas por los agentes de
la Policía Colonial los ánimos en el Hotel
The Outspan cambiaron. Junto a la natural tristeza de los compañeros de
labores del camarero asesinado surgió también un ambiente de tensión y recelo. La
presencia policial, con y sin uniforme, no pasaba inadvertida. Una pequeña sala
fue habilitada junto al hall de ingreso para los interrogatorios de rigor y
todos los pasajeros cumplieron con este trámite de la investigación, incluyendo
al matrimonio de Lord y Lady Powell. Varios de los huéspedes optaron por pasar
largas jornadas fuera del establecimiento visitando otras ciudades o tomando
largas excursiones. Otros simplemente se cambiaron de hotel.
En la delegación de
los scouts visitantes de Glasgow el efecto fue aún mayor. Hasta los de menos
edad en el grupo sabían de la Guerra Anglo-Boer y el sólo nombre de los aguerridos
descendientes de holandeses que fueron enconados enemigos del Imperio Británico
provocaba inquietud, alimentaba rumores y sospechas. Hasta motivaba pesadillas
en los más pequeños.
—¡Eran unos veinte,
quizás treinta… sin uniforme pero todos armados con fusiles y pistolas!… Se
acercaban al campamento galopando muy rápido… A la distancia sólo se
distinguían sus siluetas, pero a medida que se acercaban pude verlos con más
detalle… Todos con barbas muy frondosas , todos con sombreros de cuero, todos
con municiones en sus bandoleras. Avanzaban sin pausa, algunos gritaban y
disparaban al aire… Era de día y en medio de la nube de polvo que levantaban
sus caballos se podían ver los destellos de sus armas al sol… ¡Eran Boers y venían
por nosotros!
Thomas Clay a sus
10 años era el menor de todos los scouts que viajaron de Escocia para visitar a
BP. Su padre era un entusiasta promotor del scoutismo, casi desde sus orígenes,
y pese a la resistencia de su esposa lo había autorizado a realizar el largo
viaje en barco hasta Kenya para conocer
al fundador del Movimiento. De semblante generalmente alegre, a Raymond Gibbons
le llamò la atención la repentina seriedad y hasta el temor por quedarse sin
compañía que desmostraba el niño, y por eso lo llamó para conversar con él y saber
qué le ocurría.
—Pero, ¿tú sabes que
eso fue un sueño… una pesadilla, no?
—Sí Ray, fue un mal
sueño… pero los vi tan claramente… pocas veces recuerdo lo que sueño, pero esta
vez tengo las imágenes muy claras en mi mente y no puedo dejar de pensar en
ellos…
—¿Ellos?
—¡Los Boers Ray… los
Boers! Este fue sòlo un sueño pero con Harry y Oliver estamos seguros que nos
están acechando. Desde ayer tenemos una “guardia especial de vigilancia” y ya
hemos contado más de 22 hombres con barba que han pasado cerca del campamento.
Gibbons no pudo
contener la risa — ¡Qué cosas inventan! Aunque me parece muy bien que quieran
estar alerta y cuiden del campamento. Pero no todos los hombres con barba
tienen que ser Boers, Thomas…
— ¡Ahhh eso no lo
sabemos, no estamos seguros! —reaccionó el niño— y por eso mismo mejor “estar
preparados” ¿Ese es el lema, no?... ¡Oye Ray, que gran idea se me acaba de
ocurrir! Tenemos que tener un sistema de alarma. Para avisarnos si se acercan
los barbudos. Sería muy útil ¿no? Se lo voy a proponer a los muchachos de la
patrulla. ¿Puedo ir a buscarlos?
Gibbons quedó más
tranquilo al ver que el pequeño Thomas había recuperado el entusiasmo y volvía
a estar alegre. Él en cambio tenía sobrados motivos para estar inquieto y
llevar un semblante mucho más serio y una actitud ensimismada de la habitual. Estaba
seguro que la amenaza Boer sólo era una distracción. El verdadero peligro
seguía siendo el mismo por el cuál fue enviado a Kenya y ahora había comprobado
que no se trataba solamente de una risegosa posibilidad. Los agentes del Tercer
Reich ya habían dicho presente y su
objetivo estaba en Paxtù. Se había cometido un asesinato, pero la víctima fue
la equivocada. Habían intentado envenenar a BP y su esposa. Sin poder entregar
muchos antecedentes trató de explicárselo a los oficiales encargados del caso.
Sin embargo únicamente el Sargento Tacker parecía haber tomado con seriedad su
testimonio. Para el Capitán Mulligan la intriga Boer era mucho más verosímil.
Tenía una prueba concreta como el mensaje en Afrikáans, y a esa idea le
prestaba tanta o mayor atención que el pequeño Thomas Clay. Gibbons sabía
también que debía advertir directamente a Lord y Lady Powell y pensaba en la
mejor forma de exponer la situación sin alarmarlos en demasía y sin que eso
afectara de algún modo la delicada salud del Barón de Gilwell. Una tarea
compleja en la que seguía meditando.
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Kirsten caminaba descalza
de un lado al otro de la habitación y gesticulaba desmesuradamente con sus
manos crispadas. Estaba junto a Dieter Fisher en el departamento que arrendaban
a pocas calles del Hotel Oustpan y
donde habían establecido su centro de operaciones. Maldecía y el rictus amargo
de su boca, pintada de rojo oscuro, mostraba todo el desprecio y el odio que
sentía por el camarero muerto que con ese fatal accidente se había interpuesto
en su intento homicida. Hablaba rápido más para si misma que para su
acompañante. Entrecerraba los ojos y cada palabra salía de su boca como si se
tratara de un oscura invocación… casi un conjuro.
—¿Una mezcla
especial de té?—la interrumpió calmádamente Dieter que estaba sentado frente
a una pequeña mesa y miraba varias fotografías.
—Sí, ¿¡no me oíste!?
Eso fue lo que había comentado su mujer durante una de esas tediosas reuniones de
la “Legión de Mujeres del África Oriental”.
Una mezcla especial de hojas de té, que encargan a la India y que les guardaban
especialmente para ellos en la cocina. La misma que tomaban sólo ellos en el
hotel cada mañana. ¡Era la ocasión ideal! ¿Cómo iba a suponer que el estúpido
camarero también tenía gustos exóticos en cuanto al té y se serviría una taza
antes de llevarles el desayuno? ¡No podía saberlo…es absurdo!
—¿Y el mensaje?
—fue la segunda pregunta de Dieter, que fingía no tomar en cuenta la cólera de
su compañera.
— Ya lo había
colocado en su lugar, antes incluso que el imbécil del lacayo africano se
tomara su última taza de té —No pudo evitar una risotada ronca y agregó como si
estuviese declamando un poema— “Más
fuerte que el afán de riqueza y poder del León de Britania los hombres libres
de Transvaal y Orange harán sentir su
venganza”… Así quedó escrito y algo de confusión ha creado. Es lo que nos dará
una segunda oportunidad…
—Y será la última
—la interrumpió Dieter— En Berlín no contaban con este retraso y ya nos han
asignado una nueva tarea en Chipre. Debemos partir la próxima semana.
—Yo puedo hacerlo…
yo tengo que hacerlo. Nunca he fallado una misión—insistió Kirsten, remarcando
cada letra de ‘NUNCA’. Ahora hablaba muy despacio, con lentitud y al pronunciar
cada frase se podía notar un pequeño silbido que recordaba a las serpientes.
—Lo lamento. No hay
más chance para ti, ni para el veneno. Es posible que te hayan visto salir del
hotel. Esta vez me yo me haré cargo. Soy tu superior y es una orden —Dieter
Fisher se levantó repentinamente, caminó hacia la puerta y antes de salir, sin
mirar a Kirsten, agregó con sorna— A fin de cuentas… las guerras no se ganan
con pócimas de brujas. ¡Se ganan con balas!
Un gemido ahogado
brotó de la garganta de la mujer que se quedó mirando una puerta cerrada. Una
lágrima de rabia y frustración marcó una línea en su maquillado rostro. Mordió
su labio inferior hasta hacerlo sangrar. Se acercó a la mesa y de un manotazo
arrojó todas las fotografías al suelo. Luego, con sus pies desnudos y contraídos
como garras comenzó a pisar, arrugar y romper en lo posible cada una de las imágenes
que cayeron de la mesa. Los rostros de la mayoría de los scouts llegados de
Glasgow, incluyendo el del pequeño Thomas Clay; el de Raymond Gibbons; de los agentes
de la policía encargados del caso; algunos pasajeros del hotel y varias tomas
recientes de Baden Powell y Lady Olave quedaron así semidestruidas en el piso
de la habitación.
Continuará...
(El final se acerca)
Me encanto. Reconozco que solo habia leido los primeros. Acabo de leerlos todos seguidos y necesito leer más. Hazlo como las series, publica todos los capítulos juntos. Un abrazo
ResponderEliminar¡Gracias Checho! Abrazo también. Vamos a considerar esa idea en el equipo editorial.
ResponderEliminarGracias por un nuevo capítulo !
ResponderEliminar¡Gracias a Ud fiel lector!
EliminarEstamos a la espera del capítulo siguiente
ResponderEliminar(Yo también) Fuera de bromas...me propongo que no pase el año sin concluir.
EliminarCreo que nuevamente vamos a tener que elevar el clamor popular y exigir el derecho de siguiente capítulo...Por favor !!!!
ResponderEliminar¡¡¿¿ Qué dice el públicooooo ??!!
EliminarComo dice la canción : el capítulo pa´ cuando ?
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