EL ENCANTADOR DE SERPIENTES (Nombre Clave Badetuch. Cap III)
CAPÍTULO III
EL ENCANTADOR DE
SERPIENTES
En las afueras de Glasgow. Cerca del
Río Clyde. Escocia
Menos
que una cabaña, apenas una destartalada casucha donde con suerte cabían tres
personas apretadas, era la “sede de entrenamiento” como le habían dicho. Un
nombre demasiado pretencioso, o simplemente una ironía de MI, para la precaria realidad que se le presentaba
por delante.
Tocó
con la combinación de golpes que le habían dado y al abrirse la puerta lo
primero que vio fue sobre un par de cajones, junto a una estufa a leña, fue la
maleta de madera y remaches metálicos en su esquinas que contenía un gramófono
portátil. En ese mismo momento la aguja empezaba a recorrer el surco de un
disco. Comenzó la percusión y luego la melodía de un clarinete evocando un
ambiente oriental. Siguieron los bronces con todo el estilo del Swing. Reconoció
el tema inmediatamente. Eran los Six
Swingers interpretando “The Snake
Charmer”.
Si
el hombre de unos 60 años que lo esperaba en el interior de la destartalada
casucha buscaba algún golpe de efecto lo logró en buena parte cuando, antes de
saludar incluso, le preguntó:
—¿Es
uno de tus temas preferidos, no es cierto?
—Efectivamente…
—respondió Raymond Gibbons algo extrañado por la escena. Intentando parecer más
seguro de lo que estaba agregó —aunque no esperaba encontrar por estos parajes
a otro aficionado al swing.
—Me
gusta estar al día con los estilos musicales, muchacho —dijo el veterano que lo miraba atentamente
con unos ojos de aguado color celeste, bajo unas espesas cejas encanecidas como
el resto de sus cabellos.
—Yo soy Raymond Gibb..
—no alcanzó a terminar cuando el hombre le interrumpió…
—Sé quien eres. Sé de tu
familia. Sé de tus amigos y de los demás de tu Grupo de Boys Scout que viajarán
contigo. Sé de tus profesores y que opinan de ti. Sé de quienes te llevarán
pronto en barco y de aquellos que te recibirán en África. Sé hasta de cierta
señorita a quien escribes afectuosas cartas de cuando en cuando. Sé de muchas
cosas y para averiguarlo he demorado sólo el par de días que me dieron antes de
esta tarea. Cómo averiguar mucho en poco tiempo, es algo que tú también tendrás
que aprender, muchacho.
Raymond ya estaba muy
intrigado, pero su curiosidad pasó a ser francamente una sorpresa cuando el
hombre se le acercó, le extendió la mano izquierda y le dijo…
—Soy Ernest Corbett.
Estuve en Brownsea con BP. Ahora trabajo para Inteligencia Militar, Sección 6.
Puedes considerarme algo así como un tutor.
Raymond extendió también
su mano izquierda para recibir el saludo
—gracias Mr Corbett… ¿Cómo debo dirigirme a Ud… con algún grado
militar?
—Sin rangos muchacho. No
preguntes eso… los rangos son para el frente de batalla tradicional. En nuestro
frente no hay rangos, ni nombres, muchas veces ni siquiera hay rostros... ¿o
acaso crees que en verdad me llamo Ernest? Y soltó una risa ámplia y
carraspienta en la que se podían ver sus dientes y sentir el aroma a tabaco de
pipa que se mezclaba con la bruma de esa mañana en las afueras de Glasgow, un
paraje boscoso desde donde podía sentirse el rumor de las aguas del cercano río
Clyde.
—Escucha esta canción y recuerda… nuestra labor
se parece mucho a la del encantador de serpientes. Debemos dar la impresión de
que nos movemos al compás de la música que otros interpretan para engañarnos o
para distraernos. Debemos hacerles creer que seguimos el ritmo de su música,
que hemos sido seducidos… y sin embargo como la serpiente lo que hacemos es
seguir los movimientos, lo que buscamos sin distracciones es el mejor blanco,
el punto exacto donde su mano quede a nuestro alcance y podamos morder al
encantador.Le hablaba de espaldas mientras manipulaba algo en sus manos
—En caso necesario —agregó—esa mordida debe ser
mortal— Giró repentinamente y le extendió un revolver Enfield N°2 modificado —Ahora, a practicar…
El arma era mucho más pesada de lo que pensaba y
le costaba bastante mantenerla con todo el brazo extendido como su “tutor” le
indicaba. Los primeros disparos había sido un rotundo fracaso y en una segunda
ronda de toros las cosas no iban mucho mejor.
—Separa los pies Gibbons, eso te dará más
equilibrio
—¿Cómo fue estar en el campamento de Brownsea?
—preguntó buscando un momento de descanso.
— Tenía unos 30 años. Fui parte del equipo
organizador que llevó BP y estaba a cargo de los talleres de señales y claves.
Es una tarea que siempre me ha resultado entretenida y se me daba con facilidad
desde que ingresé al ejército.
— ¿Es amigo de BP?
—Fue mi superior algunos años antes de su retiro
y le guardo gran admiración y profundo afecto. Por eso cuando me propuso
participar como asistente en un
campamento donde pensaba poner a prueba su proyecto de formación, con el
sistema “Scouting for Boys”, me sentí muy halagado y no dudé un momento en
aceptar su invitación. ¿Y tú Gibbons por qué eres un Boy Scout?
—Bueno, ingresé para cuidar a mi hermano menor,
él se inscribió en el primer Grupo que se creó en Glasgow y mis padres me
pidieron asistir también para protegerlo…y vigilarlo, creo yo.
—Sin embargo, la razón debe ser otra —replicó
Corbett
— ¿No cree lo que le digo?
— Debe ser otra… porque mi pregunta fue ¿por qué
eres Boy Scout? y no ¿por qué ingresaste al Movimiento? Además tu hermano menor
ya no participa del Grupo en Glasgow y tú sigues allí.
Gibbons pensó que efectivamente su “tutor” sabía
muchas cosas sobre él. Además se dio cuenta que casi nada sabía del hombre que
tenía a su lado y que le había entregado un arma de fuego con la que ahora
trataba de dar en un blanco que le parecía cada vez más lejano.
— ¿Su nombre, entones, no es Ernest Corbett?
Nuevamente una carcajada, mezclada con un poco
de tos brotó de la garganta del antiguo agente de MI —¡Vaya que cosas preguntas
muchacho! Por supuesto que mi nombre
es ese… Sigue disparando… Al menos por hoy, mi
nombre es Corbett. Ernest Corbett.
Continuará...
En espera del capítulo IV ...
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