lunes, 27 de julio de 2020

CALLEJONES SIN SALIDA 3





No estaba seguro si fue por la amistad de tantos años con Alberto Cifuentes que casi le imploró por ayuda. O lo insólito y novedoso de la tarea que le había pedido. Tal vez por esa emoción de sentirse un poco como un detective privado de novela y también algo de morbo por averiguar más detalles sobre el homicidio de Fernando Reyes. Quizás simplemente solo quería alejarse un rato de Santiago y del peso de los recuerdos constantes de Lorena y su hijo Sebastián. Posiblemente era un poco de todo eso. Lo cierto es que Antonio Ibar luego de terminar el llamado con su amigo marcó el número de la central de radiotaxis, dijo que no estaría disponible por unos días y se dispuso a tomar su auto para iniciar el viaje al Campo Escuela. Un recorrido de una hora y media si conducía sin apuro. Pero no era el caso, tenía prisa así que tomó una mochila y echó todo lo que se le ocurrió que podría servirle para la misión de averiguar entre los asistentes a la frustrada Asamblea Nacional los datos que pudieran ser de utilidad para aclarar esta muerte y brindar esos antecedentes “reservadamente” a la Corte de Honor Nacional como le había solicitado encarecidamente y casi susurrando su amigo. “Reservadamente”. Pensó que seguramente tendría que pasar la noche en el predio; así que también buscó un saco de dormir y una manta extra porque la humedad del lugar se le hacía cada vez más notoria con cada jornada de campamento.

Eran cerca de las 10 de la mañana del segundo sábado de octubre. No habrá desayuno, pensó, y tal vez tampoco almuerzo. No está demás pasar antes del viaje donde Don Jacinto y pedirle entonces un par de esas marraquetas con unas rodajas de malaya, queso y tomate con un poco de ajo que sabe preparar tan bien. Aún se relamía cuando cerró  la puerta del departamento y se dispuso a bajar por las escaleras los siete pisos y caminar el par de cuadras que lo alejaban del Minimarket “El Baisano”.         
Al llegar a la calle notó un leve malestar en la rodilla derecha. Caminó la media cuadra que ya se conocía de memoria hasta llegar a las puertas del local donde a manera de bienvenida colgaba un antiguo banderín del club Palestino ya con sus colores desgastados por el sol. Nada más entrar a la tienda sintió el sonido agudo de una guitarra eléctrica y el marcado compás de una batería de fondo. Esperó algunos segundos a que comenzara la canción… pero nada, volvió el solo de guitarra…

_ ¿Y en esta nadie canta Don Jaci?
_ ¡En esta no poh Toño. Esta es instrumental! ¿Pero verdad que tocan bonito?, son “Los Diablos Azules”
_ Suenan harto bien la verdad. 
_ ¡Fabuloso dirá! Estos gallos tocaban fabuloso. Y el que sigue es un temazo. Se llama “Te quiero” y yo se lo dedicaba a la Fátima cuando andábamos de pololos en la feria de juegos que se instalaba todos los veranos en Cartagena.

…one, two, three, four… y empezó nuevamente a sonar la guitarra 

_ ¿Y ayer no estaba escuchando a los “Red Juniors” Don Jaci?
_ Sí pues, los mismos.
_ ¿Ve Don Jaci? “Los Diablos Azules” y “Los Red Junior” Cómo le digo siempre, Ud en materia de la “Nueva Ola” tiene del color que le pidan...   

Conoció a Don Jacinto Misle, fanático de la Nueva Ola e hincha inclaudicable de “Palestino”, el mismo día que se había cambiado al departamento en Recoleta. De eso ya habían pasado casi tres meses. Ese fue un día triste para Antonio Ibar y se le debe haber notado mucho porque “Don Jaci”, como le decía ahora, sin conocerlo se dio a la tarea de levantarle el ánimo y hasta le sirvió un vasito del “vermú” que guardaba celosamente bajo el mesón. Simpatizaron de inmediato y ahora era su proveedor oficial no solo de mercaderías si no también de noticias del fútbol y de recuerdos y datos “trivia” de la Nueva Ola. Eso, además de los “sándwiches personalizados” que con habilidad preparaba este baisano con los productos de su local.

Subió al auto, dejó la bolsa de papel con su reserva de alimentos en el asiento del copiloto. Para acompañar el viaje escogió la lista de música preparada para su trabajo en el radiotaxi titulada “3 am”. Su Nissan mexicano, al que llamaba “El escuincle” comenzó a avanzar por Avenida Recoleta al sur al tiempo que por lo parlantes sonaba “Never Let Me Down Again” de los Depech Mode. Subió el volumen y comenzó el viaje con el recuerdo de hace más de veinte años  cuando durante un descanso de las sesiones de un Curso Básico de formación supo por primera vez quien era  Fernando Reyes.
…………………………………
¡Pieza tocada , pieza jugada!  
¡NO! No he tocado ninguna pieza.
¡Tocaste el caballo! Lo tocaste  y lo dejaste luego porque no tiene donde ir, está perdido!
¡No he tocado ninguna pieza. No seas patético!  -insistió Reyes y levantó la voz para reafirmarse, logrando que los que estaban más cerca les pusieran atención.
Lo de “patético” había sido lo peor. No –se dijo- lo peor había sido que entre quienes miraban estaba Lorena, a quien entonces apenas conocía .  Debería haberme levantado y no haber seguido jugando –pensó-. 
Más de veinte años después había aprendido que en el tablero del tramposo da igual si eres Bobby Fischer o Kasparov, siempre pierdes. 
No sería la única vez en la que se cruzó con Reyes; y de esas otras ocasiones, tampoco guardaba buenos recuerdos. 
………………………………….

El trayecto  no tuvo mayores inconvenientes pero al llegar a Campo Escuela no pudo ingresar con su auto. La entrada estaba bloqueada por dos carabineros y el administrador del  predio. Prefirió no llamar la atención dando explicaciones a viva voz y optó estacionar momentáneamente  en uno de los pocos espacios libres que los móviles de prensa habían dejado en el camino de acceso. Llamó por teléfono a Cifuentes para avisar de su llegada y antes de bajar se dio unos segundos para observar a sus otrora colegas que se encontraban repartidos en pequeños grupos a la espera de alguna novedad que contar en el próximo noticiero. Recordó que no hace mucho había compartido similares afanes antes que lo “desvincularan” del diario y de que comenzara a ganarse el sustento como conductor de radiotaxi, un oficio al que nunca se imaginó podría dedicarse. Todo eso, además de un matrimonio en vilo, eran muchos cambios en poco tiempo pensó. 
Abrió la puerta del auto y apenas salió, de entre uno de los grupos de reporteros se asomó una cabeza curiosa para ver al que llegaba y entonces pudo escuchar y reconocer una voz alegre que medio preguntando, medio saludando, lo recibía con afecto…

_ ¡¿Toño…Toñito?!… ¡Guachito que bueno verte! No me digai, encontraste pega y te mandaron a reportear lo de este finao…

Paula Zabala, periodista del canal "24 noticias", era muy extrovertida y afable.Con una gran sonrisa salió a su encuentro y le hablaba a voz en cuello mientras se le acercaba equilibrando un vaso de café y un cigarrillo encendido en una mano y el micrófono de su canal de tv en la otra. Habían trabajado algunos años en el mismo diario y después de que ella se cambió a la televisión se veían ocasionalmente. Algunas veces compartieron datos de algún reporteo en común.

_ … todo muy truculento y misterioso oye. Del canal me mandaron de punto fijo. Claro que primero pensaron que se trataba de un menor de edad. Pero igual, esta cuestión me da mala espina. ¡Algo huele mal en Dinamarca! Mira que aparecer uno de los jefes de los scouts asesinado aquí mismo durante un campamento…
_ Paula…
_ …además no nos han dejado pasar y creo que el muertito tenía un cargo importante… Acá con otros colegas nos acordamos de esa ceremonia de… de… ¡cómo se llamaba? ¡totemizaciòn! ¡eso!  Esa ceremonia en la que casi matan a un cabro de Viña del Mar. Le pegaron y hasta lo quemaron con un cuchillo ¿Te acordai? ¿No será una cuestión relacionada con…
_ Pau…
_ …eso. ¡Sería la tremenda noticia!  …¡Oye pero que bueno que volviste a las pistas, se te echaba de menos  guachito ¿Dónde estai trabajan…
_ Paula, no vengo por pega. Al menos no para un medio –le dijo con una media sonrisa- Te agradezco la caluroso bienvenida, pero esta vez voy a estar al otro lado de la noticia. Vengo a ayudar en las comunicaciones de la Asociación –le mintió- Me llamaron y vine a colaborar un poco. 
Ella se silenció unos segundos y se quedó mirándolo como ajustando sus ideas
_ Ahhhh pucha, ¡muy injusto todo lo que pasó en el diario, oye! Apenas  te vi me imaginé al tiro que venías a reportear…
_ …entiendo Paula. Igual me alegro de verte.
_ ¡Oye pero verdad que tú también eres de los scouts! ¿Viste que ya no digo “boy scouts” como me enseñaste? Entonces a ti  te van a dejar entrar ¿Tienes mi número, cierto? Es el mismo de hace años. Avísame si hay algo importante. ¡No te olvides de tú amiga ah! Yo también voy a tener algunos datos con los tiras, tengo buenos contactos ahí. Entonces podemos ayudarnos como otras veces ¿Qué te parece guachito?
_ Me parece. Me voy a hacer una idea de lo que pasa allá adentro y te cuento lo que pueda ¿ya? Después tú me das una mano con los PDI. No sé si será la exclusiva pero algo saldrá.
_ Hecho Toñito. Tú sabes … ¡Un dato con otro dato…
_ … y esta historia ya tiene zapatos!





Continuará

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