jueves, 23 de abril de 2020

CALLEJONES SIN SALIDA 1





“Los misterios de nuestro disfraz giran” Sour Times, Portishead.

Varios de los delegados a la Asamblea Nacional lo llamaban “El Ternero”, aludiendo a que era una de las crías de aquellas figuras consideradas “Vacas Sagradas” en el Movimiento. Otros también le decían “El Protegido” o “El Delfín”. Fernando Reyes lo sabía y le importaba poco o nada. Había aprendido a lidiar con las bromas cargadas de sarcasmo. Algunas de esas “tallas” incluso le agradaban porque sabía que, en algunos casos, más que desprecio escondían envidia. Recibía los velados reproches con desdén porque tenía sus apoyos donde le interesaba tenerlos. Donde los había cultivado trabajosamente con esmero, también con astucia, durante años.
 Era oriundo de un distrito modesto en Santiago y en sus primeros cursos de formación supo granjearse amistades entre la dirigencia de reconocidos grupos del sector oriente de Santiago. Grupos solventes. Grupos donde se sentía mejor. En realidad a pocos les extrañó en su primer grupo que un sábado durante un Consejo presentase su renuncia y que a la semana siguiente apareciera flamante, con su nuevo pañolín, en la reunión de la Tropa de un colegio particular en el Distrito Vitacura. Cuando algunas de sus antiguas amistades, que lo conocían desde lobato, lo abordaron y le preguntaron durante un Jamboree por ese cambio, les respondió con tranquilidad y algo de fastidio: “buscaba un lugar más acorde con mi visión de futuro para el Movimiento”. 
De ahí en adelante hizo carrera. De su nuevo grupo al distrito, luego a la zona, después a la Comisión Nacional de Rama. Así fue ganando un nombre y sumando contactos. Vínculos que se extendieron más allá de las esferas del Movimiento y llegaron incluso a funcionarios de rango medio en el gobierno encargados de trabajar con distintas organizaciones de voluntariado en el país. De cuando en cuando le gustaba deslizar en alguna conversación su cercanía con el Director de la División de Organizaciones Sociales y comentar sobre la reunión a la que una vez fue invitado a “La Moneda”. 
Era responsable, sabía adular sin exagerar, se manejaba con extrema facilidad en las distintas redes sociales y tenía capacidad de gestión. Sonreía y mentía con naturalidad. Después de un par de años estudiando leyes se cambió a la carrera de  Administración Pública y según comentaba estaba a punto de egresar. Cada vez que le tocaba hablar en público, fuese en campamentos, con apoderados o en reuniones de trabajo en la Sede Nacional, le encantaba divagar sobre “las ventajas formativas del aprender haciendo” y el “valor pedagógico de la Ley”. En su rápido ascenso en las estructuras de la Asociación fue ganado aliados y detractores. Entre estos últimos se comentaba que para Reyes de esa “Ley” solo importaba un artículo, el “undécimo”.

Encontraron el cadáver de Fernando Reyes la mañana del día anterior al inicio formal de la Asamblea Nacional Extraordinaria de la Asociación de Guías y Scouts. Estaba bajo unas tablas rotas, algunos papeles de diario amarillentos y trozos de sacos viejos. Parecía un borracho durmiendo junto a una sucia pared de adobe. Toda una escena que se podía observar entre los restos de una antigua y quemada casa colonial al interior del Parque Campo Escuela. 
Al conocer la noticia todos se mostraron sorprendidos… pero no todos lo lamentaron.




Continuará

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